sábado, 27 de junio de 2009

Retrospectiva

El pensar en un final cercano, siempre nos hace volver al inicio.

Hoy he hecho una retrospectiva, 6 fines de semana más estando en Barcelona, el 7mo estaré en México. FUERTE SENSACIÓN. Aún mas fuerte cuando parece que fue ayer cuando me encontraba enviando un CV, esperando ser aceptada en la escuela, renunciando no sólo a un trabajo sino a toda una vida; parece que fue ayer cuando me encontraba llenando mis maletas: de sueños, esperanzas, deseos, ilusiones, nuevos retos, nuevas ganas de vivir, para brincar más alto, para descubrir, descubrirme y ser descubierta; para encontrarme con eso que tanto había pedido.

He comenzado a tirar las cosas que no necesito, a guardar aquellas que ya no uso, a pensar a corto plazo. Que haré mañana en la mañana, Que haré en la tarde? Qué haré en la noche? Qué haré mañana y pasado? No puedo seguir pensando en fines de semana, son tan sólo 6 y aunque mi corazón me dice en voz baja con cada palpitar: vuelve a donde perteneces, también me dice con gritos sensibles que no quiere decir adiós.

He abierto ese texto, el primero, el comienzo. Crónicas desde un hostal. Mis primeros 11 días en Barcelona; desde mi llegada completamente sola a una ciudad totalmente desconocida, hasta el momento en que volví a tomar mis maletas y me dirigí ese lunes 20 de Octubre de 2008 al que sería mi piso por los siguientes meses.

He abierto también el último texto: Santa María del Mar. El que representa mi cambio, mis luchas, mi aprendizaje, mi presente, mi evolución, el capítulo en el libro de mi vida que está punto de cerrarse, para darle paso a la siguiente historia.

Los he leído y es como si de pronto la vida me diera una cachetada sangrante de emociones. En un instante breve: pasado, presente y futuro se fusionan para regalarme una visión más clara de quien soy, que he hecho, a donde voy y lo más importante, DONDE QUIERO ESTAR.

Hoy después de 2 semanas de vivencias intensas y realidades asombrosas, me siento exactamente igual y a la vez totalmente diferente a como me sentí aquel día de octubre cuando me senté a mirar el mar a escasos días de haber llegado.

Era yo un trapecista primerizo saltado sin red. Arriesgándose y saltando con la mirada fija en la otra orilla, nunca mirando hacia atrás. Me encontraba en el aire, sola, intentando alcanzar ese otro columpio que me llevaría de nuevo a tierra firme, donde estaría a salvo. Aquel día sentí nostalgia de la vida que había dejado atrás, nostalgia de la vida desconocida que estaba por comenzar y nostalgia voluntario que me hacía extrañar pero no querer regresar.

Hoy sigo siendo un trapecista que ha disfrutado el vuelo con caída libre, que ha encontrado el impulso suficiente para llegar victorioso al otro lado del trapecio, que no le importa si hay red o no, que quiere seguir saltando, no porque quiera llegar a la otra orilla sino porque el salto mismo representa llegar más lejos.

Hoy siento nostalgia de la vida que encontré, de la filosofía que he adoptado y de los sentimientos confirmados que viven en mí, porque sé que tengo que dejarme ir para poder descubrir y mirar con otros ojos eso para lo que nací. Hoy siento nostalgia de marcharme y también siento nostalgia de volver; de volver a ver a una vida que a pesar de ser la misma, nunca más podrá ser igual.

Hoy, mi corazón está en ese columpio, en ese trapecio que se balancea. Ha saltado sin red. Ha dejado esta orilla, para llegar finalmente a donde pertenece, a tierra firme.

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