miércoles, 8 de julio de 2009

Gris

Ayer me encontré de nuevo en el papel popularmente conocido como “salero”; la de en medio, el tercer elemento, una de las esquinas del triángulo, el número impar o tal vez el número par al lado de dos impares, no lo sé… Desde hace ya bastante tiempo había caído en cuenta de esto, de la manía de encontrarme no en parejas, sino casi siempre en tercias. Amigos, proyectos, prácticas, trabajo, etc, etc ; lidiando con polaridades, contrastes, diferencias, vibraciones, explosiones… y ahí estoy yo… en medio...

Una noche, hace unos meses, entre kebabs y cervezas, una amiga me dijo que me percibía como un color naranja, pero que si pudiera elegir un color para mí sería el gris… ¿GRIS? ¿YO?....¿Por lo menos gris Oxford? ¿gris rata? ¿gris concreto? mmmmmm ¿gris aluminio?.... grisss…. CARAJO! Odio el gris… tan sin chiste…

Ella y yo éramos parte de una tercia en ese momento; ella representaba el negro en toda la extensión de la palabra y estaba también un chico tomando el papel de blanco hasta en su más minúscula partícula… polos opuestos, personalidades explosivas, diferencias contundentes, ideas contrastantes y ahí estaba yo… tomando el papel del gris en esa tercia…

Al final de la noche, me terminó gustando el gris. Descubrí que mi gris interior no es un negro y un blanco mezclados sin chiste en un bote cualquiera; no soy la mezcla insensible, ni la suma de colores, ni la ausencia de color propio, ni el resultado de la suma de otros dos… no soy ese tipo de gris…

Soy…

El gris que deja de existir ante los ojos cuando miras muy de cerca ese gradiente de blanco a negro… Soy el eslabón, el puente, el gradiente… Soy las delgadas líneas de un blanco que se introduce con armonía y cautela en un negro sólido y soy a la vez, esas líneas rebeldes de un negro que interrumpen la calma de un blanco homogéneo.

Esas líneas que al mirarse de lejos no se ven y provocan una escala de grises tan basta que no logras distinguir donde termina el blanco y donde comienza el negro. Esas líneas que debes observar de cerca para descubrir que en realidad no existe un gris, sino la integración gradual de esos dos polos tan contrastantes… la integración de los extremos…

Después de todo sé que mi color seguirá siendo el naranja, pero mi papel en el juego cromático de las tercias, será el de un mediocampista que da pases para unir los dos extremos de la cancha, que trata de ser delgadas líneas que comienzan en un extremo y terminan en el otro, que gradúan los polos, que balancea el contraste cromático, que crean el segundo elemento de la tercia, la tercera punta del triángulo…

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