lunes, 28 de diciembre de 2009

piano

Entre 5 líneas paralelas y equidistantes que guían mi melodía,

entre símbolos y trazos entintados sobre el papel;

En la dualidad polarizada de mi blanco y negro,

entre mis luces y sombras escondidas en 36 teclas negras y 52 blancas.

Desde el primer LA, hasta el último DO.

En clave de sol o de fa,

En escalas menores o mayores…

Estás tu.


En la gravedad barroca que acompaña en días de soledad obscura, en la agudeza penetrante y clásica que se experimenta al ver un amanecer en el mar. En la historia siempre inacabada detrás de una composición romántica, en la fuerza y energía de una sonata, en el misterio y magia que regalan los preludios, en todas las historias y misterios celosamente guardados detrás de cada composición, estás tú.

Mírame. Víbrame. Tócame. Siénteme. Pertenéceme. Poséeme.

Hazlo Lento como saboreando el más dulce de los besos, adagio y andante como cada nuevo despertar, moderato para dejar que el tiempo fluya sin prisas, alegreto y alegre como la sonrisa inocente de un niño que ilumina, vivace, presto o incluso prestísimo, como si el tiempo se esfumara justo frente a nosotros, con la prisa de un amor que se termina, con la velocidad de una estrella fugaz.

No te limites. Haz conmigo lo que quieras. Usa todas tus dinámicas, aplica la intensidad que quieras en todas mis líneas musicales. Se un pianissino que me acaricia con cuidado y suavidad extrema, que parece no tocarme, que parece hacer flotar tus dedos sobre mi. Tócame mezzo-piano, piano, mezzo-forte, forte, fortissimo o sforzando… no te limites, esfuérzate. Haz conmigo lo que quieras. Yo permaneceré inmóvil a tu magia y voluntad.

Usa mis crescendos con libertad, y mis decrescendos con cautela. Se sonata, preludio o waltz. Se mi Chopin, mi Liszt, mi Mozart, mi Rachmaninnof, mi Betthoven, mi Ruiz Armengol; se intérprete desconocido, ejecutor favorito, hechicero escondido, mi compositor clandestino.

Mantén el “sostein” presionado y no lo sueltes jamás, genera una melodía continua e interminable mientras me recorres de principio a fin con escalas ágiles y arpegios ininterrumpidos; que te duelan las muñecas, que se te quiebren los dedos, que la espalda te reclame tu constante ir y venir, que tus ojos se cierren para sentirme mejor, que tu corazón se te salga por la boca, que el alma se te escape por los poros, que pierdas noción del tiempo y el espacio, que te fundas conmigo, que todo tu cuerpo se estremezca al sentirme vibrar a tu ritmo y voluntad; que te duela sentirme tanto, que sangres internamente, que te rompas en mil pedazos…

Tócame de día, tócame de noche; en soledad o compañía; en tristeza o alegría, tócame hoy y todos los días de tu vida; pero si no quisieras hacerlo hoy, entonces tómate tu tiempo; tiempos necesarios, tiempos relativos, tiempos sabios, tiempos marcados por compases de 2, 3 y 4 tiempos…

Yo estaré aquí mismo. A un lado de tus pasiones, acompañando tus emociones, componiendo tus canciones.

Tócame cuando quieras y como quieras, pero el día que decidas hacerlo…

No me dejes más…

Déjame ser para tu música, esos 4 tiempos…

presente, pasado, futuro…
Y eternidad.

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