jueves, 25 de febrero de 2010

Katy la oruga

Hace unos años, a un querido amigo se le ocurrió decirme: te pareces a “Katy la oruga”; en ese entonces mi cabello era castaño, pero efectivamente, en la lista de parecidos se podían –y se pueden- encontrar características como la escasez de nariz, los cachetes prominientes y la cara de caricatura. Escógale usted.

“Katy la oruga” fue una de las películas que marcaron de manera importante mi niñez; ni siquiera puedo contabilizar las veces que la he visto y puedo asegurar que si me topara con ella en algun canal de películas retro o de clásicos de ayer hoy y siempre, la vería sin pensarlo dos veces. A mi corta edad, “Katy” con su “pikitipa” se volvió una especia de heroína y puedo visualizarme claramente a mis 5 añitos queriendo ser como ella. Me encantaba verla meterse en problemas, queriendo ver más, bajándose del árbol donde había nacido siendo oruga; nunca conforme, siempre tratando de entender el porque de la colección de objetos inservibles del sapo, cuestionando la tirania de la abeja reina o intentando pasar un día completo surfeando con los camaleones; pero siempre manteniendo esa curiosidad brillante en sus enormes ojos azules que la empujaban a emprender el viaje hacia mundos alternos y desconocidos que le regalaban formas paralelas de vivir un mismo día y lo más importante: la oportunidad de descubrirse a si misma. “Katy” siempre supo que no había nacido para permanecer en ese árbol de cerezo, pero también sabía que para descubrir a donde pertenecía, tendría que aventarse un clavado –sin miedo y con fé- a mundos totalmente desconocidos.

“Katy la oruga”, para muchos es simplemente una opción más en la larga lista de películas infantiles, pero yo creo que es una lección hermosa que se ha ido desvaneciendo ante los ojos de todos aquellos que han perdido la capacidad de ver más allá de lo visible. “Katy” era mágica, y para mi, lo sigue siendo. Es, sin mas aspavientos, un fenómeno maravilloso de la naturaleza que aplicado a la vida humana se vuelve una lección de determinación, valor y crecimiento.

El día de hoy, mi cabello es rojo-rosa lo que hace que mi parecido físico con la oruga cagadilla se incremente un poco más. Yo, como "Katy", he salido de mi árbol de cerezo para adentrarme en una ardua búsqueda de aventuras; me perdí por momentos para volverme a encontrar, enfrenté la consecuencia de mis actos, disfruté aventuras inolvidables, convertí mis fallas en experiencias y las experiecias en aprendizaje, me enfrenté a algunos seres malignos que me querían echar al plato y también hice amigos que se volvieron mis ángeles terrenales. Hoy, después de largos meses almacenando lecciones, personas, sentimientos y momentos a lo largo del camino, he visto lo que tenía que ver, he respondido lo que había preguntado, he encontrado lo que estaba buscando y es hora de volver… volver a mi árbol de cerezo para comenzar a tejer un capullo resistente a mi misma.

El proceso de aventurarme, de preguntar, cuestionar, descubrir, de auto conocimiento ha terminado. Mi “Katy” interior ahora sabe lo que es, lo que quiere y en lo que se convertirá. Esta etapa se ha terminado y le da paso a otra más pasiva pero de más constancia, de noches sin dormir pero días más despiertos, de más actos y menos palabras, de alimentar la mente y reactivar la creatividad; de trabajo arduo construyendo mi propia coraza utilizando aquellos materiales que he recogido a lo largo del camino.

Un nuevo proceso comienza y se que tejer mi capullo utilizando todo aquello acumulado durante meses no será tarea fácil –y no pretendo que lo sea- ; es momento de mantener la mirada fija en ese punto brillante, inamovible, tangible, alcanzable… y sencillamente, ir tras el.

Es hora de construir esa “bolsa mágica” que me resguardará por un tiempo más; y cuando al fin mi proceso de incubación termine, haré uso de toda mi fuerza acumulada, romperé con techos y paredes y saldré de ahí. Es la ley de la naturaleza, y cuando esto suceda no pretenderé tener 2 enormes alas azules de mariposa, mucho menos esperaré tener la capacidad de volar.

Mi cabello seguirá siendo rojo, mis alas serán mis sueños y mi forma de volar será seguir teniendo esa capacidad de ver más allá, de creer más allá, de confiar en que la magia existe y en que siempre es posible tocar las estrellas, con los pies en la tierra.

2 comentarios:

ROCIO CUACES dijo...

muy excelente reflexion felicidades nunca vi esa pelicula cuando era niña pero hoy la vimos con mi hija q tiene 11 años ella la eligio e hizo una buena eleccion nos encanto y ella la escogio para su proyecto escolar

Anónimo dijo...

Felicidades excelente reflexión ante una película, que lamentablemente se ha ido perdiendo con el tiempo. Definitivamente fue una de los mejores largometrajes de la década de los ochentas que quizá tuvo sus limitaciones técnicas de animación, pero en la calidad del argumento no le pedía nada a las realizadas por la casa Disney.
Sin duda esa película mezclada de escenas chistosas y emotivas estuvo cargada de mensajes y de una representación metafórica de cosas que ocurren en la vida como las canalladas hechas por los pajarracos Chester y Clyde y el gato que al final los abandona a su suerte, la vida de desmadre que llevan los camaleones, el hecho de vivir solo para trabajar como las abejas, el materialismo y gandalles del sapo y la amistad con el ratón Gilberto.
Personalmente creo que mas que solo identificarse con los niños, la película maneja metaforicamente la difícil transición por la que deben pasarlas niñas hacia su madurez, teniendo que renunciar a su infancia.
Muy bella película